En 1980 Alvin Toffer acuñó el término prosumidor como un acrónimo entre las palabras PROductor y conSUMIDOR. Lo hacía en su famoso libro “La tercera ola”. Con ello daba nombre a una anticipada descripción de la tendencia en los mercados que llevaría a la personalización cada vez mayor de los productos hasta el punto de involucrar a los propios consumidores en su diseño y producción. Muchos años después, Henry Jenkins nos describe la “cultura de la convergencia” como aquella que se instala en la modificación, re-corte, re-creación, re-contextualización de los productos culturales audiovisuales en red gracias al desarrollo de la web 2.0.
Jenkins dibuja un mundo global en el que lo significativo no es tanto el desarrollo tecnológico sino las consecuencias culturales que esto tiene en la construcción de relatos, la creación cultural participativa y el empoderamiento que esto significa. Según Jenkins la sociedad del siglo XX se caracterizaba porque el poder sobre los relatos los tenían los medios (Disney, etc.) en la era digital los usuarios toman el poder cortando, recreando, contextualizando, dando nuevos sentidos a los productos digitales. El poder está en la red tanto como en los gabintes coporativos. Es el mundo youtube de millones de canales que, a partir de materiales propios -o producidos por distintos autores o corporaciones-, crean productos singulares que generan, en torno a ellos, significados nuevos. Son historias que se desarrollan de forma anárquica y libre a partir de la propia reelaboración que de estos hacen otras personas a su vez.
Un elemento novedoso de este fenómeno -a mi juicio-, es que el grado de crecimiento depende más de la acción manipulativa de los nuevos prosumidores que de la calidad o cualidad de cada una de las producciones concretas a partir de las cuales están creadas. La popularidad de un producto audiovisual en la red no depende tanto de la calidad del tema tratado ni de su elaboración técnica. Un modelo así describiría un desarrollo arbóreo mientras, que el modelo convergente se desarrolla gracias precisamente a los nodos de intersección entre las producciones que han sido creadas directamente por los nuevos prosumidores: es el efecto de la manipulación de vídeos, etc. lo que aumenta el interés por el producto cultural. En este sentido el desarrollo es equiparable a un conjunto, más o menos, extenso de redes superpuestas entre sí que se desarrollan en virtud de la conexión entre los hilos que se superponen.
Esta fenómeno convergente está siendo investigado en la práctica en educación por autores como Paul Duncum que invita a sus alumnos a la realización de producciones propias a partir de materiales generados en la red. Esto se asienta sobre una concepción en la que el conocimiento que se genera a través de los medios audiovisuales es fundamentalmente experiencial y no sistematico. Una vez más nos acercamos a la creatividad como la herramienta estrella de la construcción cognitiva entendida, en sus palabras, como “jugar de forma inventiva con una forma cultural preexistente”. La creatividad se desarrolla a partir de materiales preexistentes. Es un esfuerzo de modelado, de manipulación que lleva a la persona a hacerse con el objeto. En este sentido frente a la tendencia postmoderna de la de-construcción Duncum apuesta por la re-construcción.
Las posibilidades educativas que ofrece este modelo convergente no se limitan exclusivamente a la educación plástica y que es objeto de los estudios de Duncum. En el desarrollo de proyectos de temáticas muy variadas he tenido la ocasión de comprobar el efecto explosivo que tiene la creación de materiales propios a partir de producciones preexistentes en la construcción y/o cuestionamiento de conocimientos en grupos de alumnos. Ejemplos de ellos ya se han expuesto en esta web como gnro mjr, consumo te resumo, hop, etc. En todos ellos el material sobre el que se trabaja –imágenes fijas o en movimientos, sonidos, textos, etc.- son invitaciones a usar tijeras e hilo en el que el acto educativo se produce en la reflexión sobre el acto de cortar, pegar, tirar, recoger, exponer, abandonar, actuar, comprometerse, analizar, debatir, rebatir, interactuar, reaccionar, impresionar, emocionar, decidir, evaluar, …
Algo que está presente cada vez más es la necesidad de entender la construcción del conocimiento -y por tanto debería marcar el eje de los modelos didácticos- es que conocer es un acto fundamentalmente social. El aprendizaje es un fenómeno social y atiende a demandas comunitarias. Wenger nos hablaba hace ya más de una década del aprendizaje situado y defendía categóricamente que es la comunidad la que marca elde que “debe ser aprendido” por las personas que la componen.Un concepto de saber alejado de la idea inmovilista de transmisión Durheimniana en la educación cumple el papel de transporte de conocimientos y valores de una generación a otra.
Los avances en el estudio del cerebro no parecen desdecir estos enfoques. La importancia en la creación de sistemas neuronales que integren de forma conjunta áreas cerebrales encargadas de la experiencia emocional, intelectual, sociorelacional y motora parecen apoyar la idea de que lo relevante para facilitar la construcción del conocimiento –esto es: educar- es diseñar estrategias que permitan involucrar una alta gama de ámbitos de la persona que aprende. En definitva, poner al alumno en la situación de tener que crear, cuestionarse, relacionarse, interactuar, decidir y actuar.
Son muchas la voces que reclaman un empoderamiento no solo de la construcción de conocimientos, sino también de los propios métodos y medios sobre los que construir una nueva pedagogía. Un ejemplo que sobre el que posteaba hace meses era el de edupunk y que motivaba un artículo algo más extenso en otro sitio. Frente a todo esto escuelas y profesores siguen reproduciendo modelos en los que el aislamiento, la reproducción, la transmisión y el poder son los ejes sobre los que se diseñan las estrategias educativa. Quizá sea un buen momento parare-construir a partir de la convergencia de la cultura de la educación que viven los alumnos día a día en sus centros educativos y la que viven en el resto de sus vidas.
No me resisto a ejemplificar esta convergencia con un divertido montaje creado por Ariel Glazer del ProyectoFacebook en el que se cruzan las redes de Henry Jenkins, Ken Robinson y el Muro de Pink Floyd.