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Colectivo en Acción

Formación Profesional: El trabajo del técnico superior en animación sociocultural en el siglo XXI

Escrito por Juan José Vergara, on 11-06-2009 19:43

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Publicado el : Articulos, Animación sociocultural

Artículo publicado con el título: "FORMACIÓN PROFESIONAL: EL TRABAJO DEL TÉCNICO SUPERIOR EN ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL EN EL SIGLO XXI" en Materiales y recursos. Formación Profesional. Praxis. Walter Kluwer-Cuadernos de Pedagogía. Barcelona. Septiembre 2006
Autor: Juan José Vergara Ramírez

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A finales de los años 90 y como desarrollo de la LOGSE, las distintas administraciones regulan los ciclos de la Formación Profesional correspondientes al titulo de Técnico Superior en Animación Sociocultural (ASC en adelante). Poco antes, en 1991, se había regulado el título universitario de Educación Social en donde no aparece de forma explícita la ASC como ámbito propio (Úcar, 2002: 18). Paralelamente y de forma progresiva han ido aumentando el número de Centros educativos que otorgan el título de monitor, educador o animador de tiempo libre.

La inclusión de un título formativo específicamente en ASC es algo absolutamente novedoso y exclusivo de estos nuevos Técnicos de Grado Superior de la formación profesional y surge, curiosamente, en una época que podríamos denominar de crisis manifiesta de la ASC. Al menos si la comparamos con las décadas precedentes -fundamentalmente los años 70 y 80-, en que el número de publicaciones sobre el tema, desarrollo de programas de ASC, encuentros profesionales, etc. fue significativamente mayor.

Hace pocas fechas, y con motivo de un encuentro entre profesionales, profesores y alumnos del Ciclo de ASC, tuve ocasión de compartir mesa de debate con algunos representantes de entidades (algunas públicas otras privadas). Todos los allí asistentes reconocían que el denominador común de su trabajo era precisamente la ASC, sin embargo la gran variedad de enfoques, ámbitos de actuación, diversidad en la denominación de los profesionales, formación que reciben y la propia catalogación de sus puestos de trabajo hacía que se presentaran dificultades para definir un espacio de intervención propio de los T.S. en ASC y diferenciado del resto de los que allí se encontraban.

Desde mi punto de vista, gran parte de la discusión sobre este asunto no tiene solución posible si la hacemos alejada de la reflexión en torno al  papel que tiene la ASC en la sociedad del siglo XXI y que nada tiene que ver, posiblemente, con el que tuvo en el último cuarto del siglo pasado.


El nacimiento de la ASC suele situarse el 17 de octubre de 1945 en la que la Dirección de Educación Popular del Ministerio Francés de Educación Nacional incluye el término animación en un Decreto. En España empieza a hablarse de animación más tarde, en 1959, por parte de las Mujeres de Acción Católica (Úcar, 2002).

En este medio siglo la fertilidad de la ASC para generar definiciones ha sido absoluta. Basta coger cualquier manual y podremos contarlas por decenas. De igual manera, las funciones que se atribuyen a los Animadores es altamente significativa: Lalana (1999) hace un interesante estudio sobre el asunto y cataloga hasta 1474 tareas que realizan los Animadores en España. Pero pongamos en relación estas tareas que se describen con los 5 niveles formativos que la CEE establece como referencia para una determinada familia profesional.

NIVELES DE FORMACIÓN EN LA C.E.E.
  • NIVEL 1: Esta cualificación deberá permitir, principalmente, la ejecución de un trabajo elemental: su aprendizaje puede ser bastante rápido.
  • NIVEL 2: Se trata principalmente de un trabajo de ejecución que puede ser autónomo dentro de los límites de las técnicas a las que recurre.
  • NIVEL 3:  Este nivel implica principalmente un trabajo de ejecución que puede efectuarse de forma autónoma y/o implicar otras responsabilidades, por ejem. de programación y de coordinación.
  • NIVEL 4: La formación incluye conocimientos y aptitudes de nivel superior (...). Estas aptitudes y conocimientos permiten especialmente ejercer de manera autónoma e independiente un trabajo de responsabilidad y de creatividad (programación y/o administración y/o gestión).
  • NIVEL 5: Esta formación capacita a quien la haya recibido, para ejercer una actividad profesional asalariada (por cuenta ajena) o independiente e implica el dominio de los fundamentos científicos de la profesión.
(Lalana, 1999: 254,255)



Del análisis de las 1474 tareas, Lalana señala que:

El 23,5 % de las mismas requerirían formación a nivel de Licenciatura universitaria.
El 33,5 % requieren una diplomatura.
El 30 % Formación  Profesional.
El 4 % formación primaria o similar.

Si esto es cierto el ámbito laboral de los T. S. en ASC se movería en un máximo del 34 % del campo profesional. Este dato es especialmente relevante en la medida  que, como ya hemos señalado antes, el de T.S. en ASC es la única titulación oficial específica de animador sociocultural (recordemos que el titulo de Educador Social no expresa en su perfil la animación sociocultural, solo el genérico educación no-formal).

La conclusión es obvia. La situación profesional de los actuales animadores socioculturales es que el 76 % de las funciones correspondientes a la ASC las realizan otros profesionales (titulados superiores) que, por otro lado, no tienen una formación que se catalogue como específica de ASC.

Este es un área de discusión importante que puede llevar a defender que la ASC no debe tener contenido en sí misma y contemplarse como una metodología de acción social que puede ser usada por los distintos profesionales de la intervención social con fines muy diversos.

Esta idea se ve alimentada por dos hechos:

1.)La evolución histórica de la ASC en España (fundamentalmente años 70-80), está profundamente ligada a las propias características de un país en vías de desarrollo como era la España de esa época. La ASC tiene por tanto la finalidad básica de conseguir determinadas cotas de acceso al Estado del Bienestar por parte de las comunidades y el modelo de ASC que se adopta es el del llamado desarrollo comunitario.
 
Esta forma de entender la ASC, desde la vertiente anglosajona de desarrollo comunitario, hizo que se alejara de la que sería más lógica y cercana a la tradición cultural española y que era heredera de los ateneos obreros de finales del XIX, las casas del pueblo, etc. y que se acercaría, en cualquier caso, mucho más con la tradición del modelo francés.

2.) Dentro de este contexto histórico; y fruto de la propia evolución de la sociedad Española en el acceso a determinadas cotas de Bienestar, la ASC adquiere una perspectiva fundamentalmente técnica frente a otros modelos de ASC que la entienden como práctica social y por tanto con contenido propio. Paralelamente a este hecho, será el progresivo acceso a esas cotas de bienestar social lo que se situará como causa de un importante descenso de atención en torno a la ASC de tal suerte que podemos decir que entra en una crisis de identidad que lleva a algunos a cuestionar incluso su propia existencia como campo profesional propio.

Creo que la mayor parte de la discusión sobre el campo laboral de los animadores pertenece a ellos mismos. No obstante sí me parece interesante hacer notar que el estatus profesional de los agentes sociales, influye mucho en su capacidad de acción. En este sentido no está de más recordar con  Santcovsky (1994) que la definición del agente se determina con cuatro rasgos:

Status (o posición en la estructura social)
Identidad (imagen de sí mismo que un agente elabora o que le atribuyen)
Proyecto (que desarrolla el colectivo al que pertenece)
Poder del agente (facultad de controlar las prácticas de otros agentes que entran en su escena)

Creo que es urgente una discusión sobre la propia identidad de la profesión de animador sociocultural, y no solo en clave de las justas demandas laborales de este colectivo, sino fundamentalmente en las consecuencias que puede tener su pervivencia o no de cara a la capacidad de acción que generan.
 
Para facilitar este debate es necesario reflexionar en torno a la propia definición y funciones que tiene la ASC en la sociedad actual del siglo XXI y que nada tiene que ver con la de los años 80. Esta redefinición de la ASC se hace tanto más urgente en la medida que es patente la situación de crisis en que se encuentra.

 Dada la disparidad de enfoques y definiciones, quizá la mejor forma de iniciar el debate sea la de  discutir sobre algunos de los conceptos básicos sobre los que se asienta la propia ASC intentando extraer cuales son los elementos que los caracterizan en la actualidad.


Comunidad, participación, cultura y educación.


Según la UNESCO, comunidad “es el conjunto de habitantes de una localidad limitada, de carácter urbano o rural, en la que comparte sentido de identidad de grupo y un conjunto de intereses comunes”

Los efectos que el desarrollo de la sociedad de la información tiene en el concepto de comunidad hacen que sea necesaria una redefinición que no se centre tanto en la referencia a un territorio, como al sentimiento de pertenencia a una o varias colectividades que pueden estar muy alejadas y constituidas por una red más virtual que física.

Esto produce un doble efecto: por un lado las relaciones entre los componentes de una comunidad están determinadas por la información. Las relaciones que soportan la comunidad dependen de las informaciones que ligan al individuo a la misma (Lyotard, 1984). Así, la libertad del individuo en relación a su acción comunitaria exige más información libre y desestructurada (o estructurada por diversos discursos incluso contrapuestos) más que un modelo de acción orientada (aunque sea a la “concientización”).

Por otro lado las comunidades tienen un carácter cada vez más intercultural e integrador. Esa integración no se hace desde la asunción de un discurso educativo como el que se ha desarrollado hasta ahora basado exclusivamente en la educación en valores. La comunidad actual es intercultural de necesidad; esto es un hecho, no solo una posición ideológica o ética; así pues este hecho está constituido por múltiples discursos e informaciones entre las que el individuo construye y actúa en la comunidad.

Así pues la acción de los individuos persigue la construcción de una comunidad que no es unidireccional en sus objetivos, ni en sus actividades, ni en los discursos que la sustentan; y los valores que marcan su dirección conviven con el discurso economicista de la racionalidad y la eficacia (o si se quiere performativo, en palabras de Lyotard)

Esto tiene consecuencias directas en como se entiende la participación: Hoy día son frecuentes las quejas de la ausencia de participación (sobre todo en la juventud). Se les acusa de inactividad. Pero actividades extraescolares, intercambios entre países, asociaciones deportivas, interrail, campañas de acción solidaria...... nunca el joven ha estado tan ocupado como ahora. Se les acusa de individualismo e incomunicación. Pero los profesores nos vemos obligados a prohibir los teléfonos móviles en clase. Cuando los jóvenes llegan a casa están continuamente recibiendo llamadas, MSM, utilizan convulsivamente en mesenger, chat, video-conferencias. El numero de intercambios comunicativos de un joven ahora es muy superior al que haya tenido nunca. Se les acusa de insolidarios, no obstante el numero de ONGs aumenta exponencialmente y se nutre fundamentalmente del trabajo voluntario (de jóvenes en su mayoría). La capacidad de reacción ante determinados casos ha sido espectacular (recordemos el Prestige, convocatorias a manifestaciones, etc.)

Posiblemente la critica responda más a la inconsistencia de la diversidad participativa. Pero no olvidemos que una de las características de la sociedad actual es que se construye desde la existencia/aceptación/uso de diversos discursos/juegos lingüísticos que, ante la imposibilidad de entrar en confrontación, construyen conjuntamente la realidad y la acción de las personas, las comunidades y los agentes sociales.

Lo que si es cierto es que este fenómeno está muy determinado por el desarrollo de la tecnología: El concepto de cultura participativa está siendo cuestionado no desde instancias teóricas, sino fundamentalmente desde la realidad cotidiana. Una realidad cotidiana que se está tornado especialmente reacia a dejarse llevar por alguna de los distintos discursos que pretende explicarla/dirigirla.

Y es que la definición de cultura está siendo muy influida por los efectos de lo que se ha venido en llamar los movimientos posmodernistas por mucho que discutamos su consistencia teórica. Es lo que Aranguren (2004) critica como la participación de uno en uno (el individualismo) y que no nace del interés hacia lo publico, sino del interés hacia uno mismo. La perdida de peso de la  acción social que busca grandes fines políticos y se centran en la libertad individual, el aquí y ahora. Frente a ellos se sitúa el pensamiento crítico que encomienda a la educación la labor de cambio social desde la toma de conciencia colectiva.

No obstante es el concepto de empoderamiento el que sirve de nexo entre ambas perspectivas y justifica la necesidad de revitalizar el discurso en torno al papel de la ASC.

Entiéndase el empoderamiento como necesidad de desarrollo (individual o colectiva), posición ética o política, deseo o necesidad individual. En todos los casos es un concepto recurrente que sitúa al individuo de nuestro tiempo en una dirección de acción vital.
 
El rasgo común de esta acción se dirige a una compleja sociedad de la información en la que la convivencia de discursos/juegos lingüísticos sitúan al sujeto ante la indefensión. La necesidad de situarse entre ellos, hacerlos propios (construirlos en definitiva) no se lleva a cabo necesariamente desde la filiación/oposición a uno. Es la articulación de los que existen desde el yo individual el que abre un campo de acción que exige la redefinición de ASC del siglo XXI. Al igual que el concepto de comunidad se diluye en la sociedad de la información y se enriquece con el aumento en las posibilidades de intercambios comunicativos, también la acción social se complica y enriquece ganando importancia el actor concreto de la acción –el individuo- frente al grupo.

Diversos autores están repensando la educación de este nuevo milenio haciendo un esfuerzo por actualizarla a la nueva situación. Aquí quizá venga bien recodar algunos de los principios de la óptica de Morín (2002) y el pensamiento complejo en relación con la educación de lo que llama la era planetaria y que son:

  • Que junto al principio sistémico (el todo es más que la unión de sus partes) también está el principio hologramático (en cada parte esta contenido el todo)
  • El principio de autonomía/dependencia que defiende que en una sociedad compleja la autonomía solo se construye a partir de la existencia de múltiples dependencias (o lo que es lo mismo la inexistencia de una sola dependencia)
  • EL principio dialógico (que supone la convivencia de discursos opuestos en una misma realidad)


La discusión en torno a la ASC puede ser muy provechosa en la medida que es un campo de definición frágil, reciente creación y, desde el punto de vista metodológico, parte de la acción y la confrontación de discursos como ejes que la vertebran. Quizá el esfuerzo por repensar las prácticas de animación sea más provechoso que condenarla a convertirse en uno más de los recursos técnicos de intervención de los muchos disponibles por los distintos profesionales de la intervención social.



BIBLIOGRAFÍA CITADA

Aranguren, L. (2004): “La participación ciudadana: posibilidades y retos”. Deusto. http://bitacora.canalsolidario.org/historias/docs/c1fa7fd2077eb057b131.pdf

Morín, E. et. al. (2002): Educar en la era planetaria. El pensamiento complejo como método de aprendizaje en el error y la incertidumbre humana. Valladolid, Universidad de Valladolid-UNESCO.

Lalana, P. (1999): “Campos profesionales de la animación sociocultural” en Martín, T. (coord..): Génesis y sentido actual de la animación sociocultural. Madrid, Sanz y Torres.

Lyotard, J. (1984): La condición postmoderna. Madrid, Cátedra.

Santcovsky, H. (1994): Los actores de la cultura. Barcelona, ed. Hacer

Úcar, X. (2002): “Medio siglo de animación sociocultural en España: balance y perspectivas”, OIE-Revista Iberoamericana de Educación. (Sin: 1681-5653).http://www.campus-oei.org/revista/deloslectores/301Ucar.pdf

 

Revisado el: 24-05-2011 18:51

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